Oh innoble servidumbre de amar seres humanos
y la más innoble
que es amarse a sí mismo. (J.G.B.)
Una lágrima rueda en tu garganta.
Inútil es que engañes el camino.
Sabes que perderás, que estás perdida
que el más viejo tributo estás pagando,
el amor a uno mismo.
Esta noche sabrás a desaliento
olerás a perfumes olvidados
sentirás como muerde el alacrán
cómo se esconde en los rincones fríos
mientras las mariposas secretean
en torno a las farolas del ocaso.
Una lágrima rueda en tu
garganta.
Inútil es que engañes al destino.
Sabes que estás desnuda que tus pechos
delatan soledad y por tu espalda
un estremecimiento te sacude.
Ahora llorarás sin hacer ruido.
Alguien habrá querido acariciar
tus hombros, en el bar apilarán
las sillas, limpiarán los veladores.
Sabes que estás perdida y te levantas.
Nadie ha secado aún el rastro negro
de rímmel que se corre en tu mejilla.
Ángeles Mora, Rute 1952
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